El Valbanera
Mi padre era chico y le daba bastante lata subir con el viejo tan temprano, muerto de frío, con mal abrigo y todos sus entretenimientos en Las Casillas. Prefería estar en la plaza jugando con otros niños o ensayando las obras de teatro que el cura les preparaba. También era buen plan quedarse en la casa y mortificar a su hermana Elisa pisándole el suelo mojado, nada más que para oírla y comenzar un pleito. O el atractivo entretenimiento de subirse a la higuera «cagona» a jartarse a higos. Cagona, porque frenaba su verticalidad para achaparrarse y servir de echadero para las gallinas que, de paso, cagaban el recorrido. Esa higuera cagona en la que se echaron las gallinas dos veces aquel 2 de agosto de 1959, cuando el mediodía se oscureció por completo en aquel «fin del mundo». Pero a Pepe le tocó subir una vez más con el viejo a El Morro. Allí pasaban las vacas temporadas de pasto comiendo lo que su padre se deslomaba a sembrar con sus manos dolidas de la artrosis. La mejor siembra era ...